Los no lugares no exitian en el pasado. Son espacios propiamente contemporáneos de confluencias anónimos, donde personas en tránsito deben instalarse durante algún tiempo de espera, sea a la salida del avión, del tren o del metro que ha de llegar. Apenas permiten un furtivo cruce de miradas entre personas que nunca más se encontrarán. Los no lugares convierten a los ciudadanos en meros elementos de conjuntos que se forman y deshacen al azar y son sinbólicos de la condición humana actual. El usuario mantiene con estos no lugares una relación contractual establecida por el billete del tren o de avíon y no tiene en ellos más personalidad que la documentada en su tarjeta de identidad.
Este clásico de Marc Augé, quien acuñase el términos ]"no lugar" en la década de 1990, no ha perdido ni un ápice de actualidad, siendo tal concepto aún definitorio de nuestros tiempos y nuestra compleja relacion con el espacio