Es necesario, para que la voluntad obre, una razón suficiente, una causa. Es la ley universal. En la naturaleza inanimada esta causa es de esencia mecánica (causa efficiens); psicológica cuando se refiere a la voluntad: ésta obra en vista de un fin, de un objeto (Zweck, causa finatis). La piedra no cae por caer, porque le han quitado el sostén. El hombre que obra, no obra porque, sino a fin de, a fin de conseguir tal o cual objeto. Este a fin, rige de un modo tan ineludible la accion de la voluntad, como el porque determina el movimiento de la piedra que cae.
