El concepto de estilos de vida, atravesó tres etapas: 
a) Una primera que llegó hasta fines del S XIX en la cual los estilos de vida eran aquello que debía ser protegido ante la contingencia de la enfermedad. Es decir que la enfermedad interfería con el normal desenvolvimiento de la persona, con su estilo de vida, fundamentalmente con su trabajo, por lo tanto la medicina intentaría que el enfermo pueda restablecerse en el menor plazo posible: la medicina debía preservar el estilo de vida –en esta acepción podemos incluir los primeros documentos de la MGF (Medicina General/Familiar) estadounidense que describimos en el capítulo 3-; 
b) Con el cambio de siglo, una nueva consideración se sumó a la original: los estilos de vida configuraban modos particulares de vivir la enfermedad que podían facilitar o dificultar el acceso y las relaciones con el médico –las llamadas “barreras culturales”. La medicina debía entonces, tomando aportes de la antropología y la psicología, reconocer estas barreras y esta particular interacción con el paciente, para que el estilo de vida no interfiera en el objetivo del encuentro terapéutico: la medicina debía neutralizar los estilos de vida –aquí entran los trabajos de Parsons, Mechanick, Balint, etc-; 
c) Finalmente, desde la Segunda Guerra Mundial y sobre todo desde los ´60, se construyó un nuevo sentido para los estilos de vida, que es el que fuimos describiendo a lo largo del trabajo. Un sentido que les atribuye la responsabilidad de la enfermedad, que los entiende como riesgos que los individuos toman y que los profesionales de la salud, entre ellos los especialistas en MGF, deben modificar para evitar la enfermedad

Cambiar los estilos de vida - Baliña

$1.600,00
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El concepto de estilos de vida, atravesó tres etapas: 
a) Una primera que llegó hasta fines del S XIX en la cual los estilos de vida eran aquello que debía ser protegido ante la contingencia de la enfermedad. Es decir que la enfermedad interfería con el normal desenvolvimiento de la persona, con su estilo de vida, fundamentalmente con su trabajo, por lo tanto la medicina intentaría que el enfermo pueda restablecerse en el menor plazo posible: la medicina debía preservar el estilo de vida –en esta acepción podemos incluir los primeros documentos de la MGF (Medicina General/Familiar) estadounidense que describimos en el capítulo 3-; 
b) Con el cambio de siglo, una nueva consideración se sumó a la original: los estilos de vida configuraban modos particulares de vivir la enfermedad que podían facilitar o dificultar el acceso y las relaciones con el médico –las llamadas “barreras culturales”. La medicina debía entonces, tomando aportes de la antropología y la psicología, reconocer estas barreras y esta particular interacción con el paciente, para que el estilo de vida no interfiera en el objetivo del encuentro terapéutico: la medicina debía neutralizar los estilos de vida –aquí entran los trabajos de Parsons, Mechanick, Balint, etc-; 
c) Finalmente, desde la Segunda Guerra Mundial y sobre todo desde los ´60, se construyó un nuevo sentido para los estilos de vida, que es el que fuimos describiendo a lo largo del trabajo. Un sentido que les atribuye la responsabilidad de la enfermedad, que los entiende como riesgos que los individuos toman y que los profesionales de la salud, entre ellos los especialistas en MGF, deben modificar para evitar la enfermedad