Juan Vasen nos invita a descifrar en esta obra diversas claves del sufrimiento padecido por infancias y adolescencias a causa de la pandemia y de las medidas adoptadas para enfrentarla. Y, como la última de esas claves, propone un contrapunto que podría definirse como el auténtico desafío de la hora ante los chicos y chicas de hoy: no desesperanzar, sino transformar.
El texto siempre ubica las manifestaciones que se presentan en estos momentos finales de la pandemia en su contexto. Porque las problemáticas nunca son "de" las infancias, sino "en" las infancias. Desde esta perspectiva, las claves pasan por evitar patologizar o psiquiatrizar a niños y jóvenes, por eludir el facilismo de subestimar su padecer y la irresponsabilidad de no acompañarlos así como también por evitar caer en la simplificación de mecanizar o biologizar el sufrimiento de ellos.
Cualquier comprensión y, más aún, cualquier intervención debería tener muy presente que la sociedad está inmersa en lo que se ha llamado una catástrofe de las certidumbres. Entonces, ¿pueden calificarse como patológicos determinados problemas o síntomas en un niño, niña o adolescente cuando quizás, en las presentes circunstancias, lo verdaderamente patológico sería no tenerlos?

Diez claves para comprender el padecimiento infantil y juvenil - Juan Vasen

$3.280,00
Diez claves para comprender el padecimiento infantil y juvenil - Juan Vasen $3.280,00

Juan Vasen nos invita a descifrar en esta obra diversas claves del sufrimiento padecido por infancias y adolescencias a causa de la pandemia y de las medidas adoptadas para enfrentarla. Y, como la última de esas claves, propone un contrapunto que podría definirse como el auténtico desafío de la hora ante los chicos y chicas de hoy: no desesperanzar, sino transformar.
El texto siempre ubica las manifestaciones que se presentan en estos momentos finales de la pandemia en su contexto. Porque las problemáticas nunca son "de" las infancias, sino "en" las infancias. Desde esta perspectiva, las claves pasan por evitar patologizar o psiquiatrizar a niños y jóvenes, por eludir el facilismo de subestimar su padecer y la irresponsabilidad de no acompañarlos así como también por evitar caer en la simplificación de mecanizar o biologizar el sufrimiento de ellos.
Cualquier comprensión y, más aún, cualquier intervención debería tener muy presente que la sociedad está inmersa en lo que se ha llamado una catástrofe de las certidumbres. Entonces, ¿pueden calificarse como patológicos determinados problemas o síntomas en un niño, niña o adolescente cuando quizás, en las presentes circunstancias, lo verdaderamente patológico sería no tenerlos?