| 1 cuota de $21.500,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $21.500,00 |
| 2 cuotas de $12.781,75 | Total $25.563,50 | |
| 3 cuotas de $8.797,08 | Total $26.391,25 |
| 3 cuotas de $9.161,15 | Total $27.483,45 |
| 3 cuotas de $9.256,46 | Total $27.769,40 |
| 1 cuota de $21.500,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $21.500,00 |
| 12 cuotas de $3.469,74 | Total $41.636,90 |
| 3 cuotas de $7.668,33 | Total $23.005,00 | |
| 6 cuotas de $4.093,95 | Total $24.563,75 | |
| 9 cuotas de $3.916,82 | Total $35.251,40 | |
| 18 cuotas de $3.277,55 | Total $58.996,00 |
| 1 cuota de $25.686,05 | Total $25.686,05 | |
| 6 cuotas de $4.960,05 | Total $29.760,30 |
Las relaciones entre familias y escuela, entre padres, docentes y directivos, pueden constituirse como un espacio hostil -en el cual se pelean incumbencias, funciones, responsabilidades y potestades- o como una zona de confluencia, de cooperación, constructivamente conflictiva.
Imposible establecer una relación significativa y positiva cuando emerge como primer elemento la descalificación mutua. El reconocimiento del otro como interlocutor, aun en la divergencia, es un punto de partida necesario para pensar la convivencia y afrontar el dilema de la participación parental en la escuela.
En épocas de redefinición de las instituciones, de sus roles, funciones y espacios sociales, la tarea de enseñar y aprender a convivir aparece como una prioridad, de la cual familias y escuelas no pueden desentenderse. El ejemplo que familias y escuelas proporcionen, colaborando mutuamente en el cumplimiento de las funciones que les son propias, tiene efectos claros en el proceso de construcción de la ciudadanía y en el desarrollo infantil.
