Escribir este Prefacio es un regalo de mi amigo y colega  Ricardo Ricci, con quien hemos conversando mucho sobre estos temas, cuando nos encontramos en Tucumán o en algún pueblo o barrio de Buenos Aires, donde nos hemos formado.

Ésta obra es realmente una “charla de café”, en el verdadero sentido de la palabra. Con todo el tiempo disponible, la generosidad, la amabilidad de los empleados, la superposición de temas y las interrupciones habituales. Está escrito en un lenguaje coloquial que lo hace muy simpático y es el habitual entre los argentinos de hoy. Estamos a legüas de un diálogo de Don Segundo Sombra, esa obra maestra difícil a veces de entender pues ya muchas expresiones del texto no se usan más en nuestros días y nos cuesta apreciar su significado. Necesitamos seguir inventando nuestro lenguaje y enriquecer nuestra conversación permanentemente.

Por eso me atrevo a proponer al lector que comience a leer el libro por el último capítulo, (16). De noche y hacia un nuevo día que lo resume todo de una manera realista y esperanzadora. Especialmente le será útil al alumno que ingresa a la Facultad de Medicina y al docente que lleva décadas enseñando la misma disciplina, cada día más compleja.

De allí podrá pasar, con gran interés, al primer capítulo de “Charla postergada”(Testimonios acerca de la Educación Médica) y meterse de lleno en esta conversación entre dos colegas y amigos, sin interrumpir pero tomando notas, procedimiento que recomiendo. Podrá llevar varios días pero vale la pena.

No me corresponde aquí resumir la obra, sí, en cambio resaltar el esfuerzo colosal y la dedicación de su autor a su obra de médico y docente. Yo, personalmente seguí otro camino. Me dediqué a la investigación para ayudar a personas con discapacidades y lo hice en prestigiosas instituciones de América y de Europa. En algunos casos, ese objetivo tan deseado nos llevó décadas de trabajo y de docencia en informática y neurociencias. Hoy muchos de estos objetivos se han hecho realidad. Pero recién comenzamos…como en todas las ciencias médicas…

Seguimos caminos diferentes pero con Ricardo arribamos a la misma conclusión fundamental, la amistad entre alumnos y docentes es clave, y debemos extenderla a la Medicina desde los primeros años.

Antonio M. Battro

Charla Postergada - Ricardo Ricci

$800,00
Charla Postergada - Ricardo Ricci $800,00

Escribir este Prefacio es un regalo de mi amigo y colega  Ricardo Ricci, con quien hemos conversando mucho sobre estos temas, cuando nos encontramos en Tucumán o en algún pueblo o barrio de Buenos Aires, donde nos hemos formado.

Ésta obra es realmente una “charla de café”, en el verdadero sentido de la palabra. Con todo el tiempo disponible, la generosidad, la amabilidad de los empleados, la superposición de temas y las interrupciones habituales. Está escrito en un lenguaje coloquial que lo hace muy simpático y es el habitual entre los argentinos de hoy. Estamos a legüas de un diálogo de Don Segundo Sombra, esa obra maestra difícil a veces de entender pues ya muchas expresiones del texto no se usan más en nuestros días y nos cuesta apreciar su significado. Necesitamos seguir inventando nuestro lenguaje y enriquecer nuestra conversación permanentemente.

Por eso me atrevo a proponer al lector que comience a leer el libro por el último capítulo, (16). De noche y hacia un nuevo día que lo resume todo de una manera realista y esperanzadora. Especialmente le será útil al alumno que ingresa a la Facultad de Medicina y al docente que lleva décadas enseñando la misma disciplina, cada día más compleja.

De allí podrá pasar, con gran interés, al primer capítulo de “Charla postergada”(Testimonios acerca de la Educación Médica) y meterse de lleno en esta conversación entre dos colegas y amigos, sin interrumpir pero tomando notas, procedimiento que recomiendo. Podrá llevar varios días pero vale la pena.

No me corresponde aquí resumir la obra, sí, en cambio resaltar el esfuerzo colosal y la dedicación de su autor a su obra de médico y docente. Yo, personalmente seguí otro camino. Me dediqué a la investigación para ayudar a personas con discapacidades y lo hice en prestigiosas instituciones de América y de Europa. En algunos casos, ese objetivo tan deseado nos llevó décadas de trabajo y de docencia en informática y neurociencias. Hoy muchos de estos objetivos se han hecho realidad. Pero recién comenzamos…como en todas las ciencias médicas…

Seguimos caminos diferentes pero con Ricardo arribamos a la misma conclusión fundamental, la amistad entre alumnos y docentes es clave, y debemos extenderla a la Medicina desde los primeros años.

Antonio M. Battro