CAMBIAR LOS ESTILO DE VIDA - BALIÑA
Precio: $900
Disponible
Editorial: AKADIA EDITORIAL
ISBN: 9789785703063
Número de Edición: 1ra.
Año de Edición: 2016
Cantidad de Páginas: 0
Tapa: Rústica
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El concepto de estilos de vida, atravesó tres etapas: 
a) Una primera que llegó hasta fines del S XIX en la cual los estilos de vida eran aquello que debía ser protegido ante la contingencia de la enfermedad. Es decir que la enfermedad interfería con el normal desenvolvimiento de la persona, con su estilo de vida, fundamentalmente con su trabajo, por lo tanto la medicina intentaría que el enfermo pueda restablecerse en el menor plazo posible: la medicina debía preservar el estilo de vida –en esta acepción podemos incluir los primeros documentos de la MGF (Medicina General/Familiar) estadounidense que describimos en el capítulo 3-; 
b) Con el cambio de siglo, una nueva consideración se sumó a la original: los estilos de vida configuraban modos particulares de vivir la enfermedad que podían facilitar o dificultar el acceso y las relaciones con el médico –las llamadas “barreras culturales”. La medicina debía entonces, tomando aportes de la antropología y la psicología, reconocer estas barreras y esta particular interacción con el paciente, para que el estilo de vida no interfiera en el objetivo del encuentro terapéutico: la medicina debía neutralizar los estilos de vida –aquí entran los trabajos de Parsons, Mechanick, Balint, etc-; 
c) Finalmente, desde la Segunda Guerra Mundial y sobre todo desde los ´60, se construyó un nuevo sentido para los estilos de vida, que es el que fuimos describiendo a lo largo del trabajo. Un sentido que les atribuye la responsabilidad de la enfermedad, que los entiende como riesgos que los individuos toman y que los profesionales de la salud, entre ellos los especialistas en MGF, deben modificar para evitar la enfermedad. La medicina debe ahora cambiar los estilos de vida

Con esta interpretación, con los estilos de vida como causa de enfermedad, se termina de comprender el énfasis en el intento de cambiarlos, se comprende la racionalidad que pone en juego la MGF.
 

Así como no pretendemos que desaparezca el medicamento, ni la cirugía, ni la psicoterapia, tampoco queremos que desaparezca esta estrategia. Notamos sí, muchas limitaciones, muchas violencias, mucho autoritarismo en su ejercicio y hacia estos puntos se dirige nuestra preocupación. La propuesta es intentar ser críticos con nuestras prácticas. 

La MGF tiene contradicciones internas que es preciso dilucidar si no queremos caer en la “estéril polarización aceptación versus rechazo” que señala Ayres, que implicaría negar sus potenciales aportes, o por el contrario, aceptar sus propuestas sin cuestionarlas.
 

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