OBESIDAD ENCRUCIJADAS Y ABORDAJES
Precio: $1,200.00
Disponible
Editorial: AKADIA EDITORIAL
ISBN: 978-987-570-332-2
Número de Edición: 1
Año de Edición: 2018
Cantidad de Páginas: 520
Tapa: Rústica
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Prólogo
Alberto Cormillot

“Asistimos de un modo vertiginoso al surgimiento de nuevos fármacos, técnicas quirúrgicas y dietas. La investigación y experimentación clínica avanzan
sobre campos inusitados, desplazándose de la conducta alimentaria hasta las más diversas moléculas. Entretanto, la industria alimentaria promueve el
consumo masivo de una sociedad cada vez más quieta, y junto a las comunidades científicas convive la charlatanería incontrolada que alimenta el mito y
la magia frente a la mirada displicente de los Estados, que ejecutan políticas lánguidas, estancadas en la duda, que jerarquizan las complicaciones consumadas
sobre las estrategias preventivas”.
                                                                             Doctor Jorge Braguinsky, Obesidad. Saberes y conflictos.


Entre el nacimiento de la especialidad en obesidad y el Manual que tiene en sus manos transcurrió algo más de medio siglo. Hace 50 años, muchas de las cosas que
hoy nos parecen cotidianas y habituales simplemente no existían. Aunque actualmente sea muy poco usual recurrir a una biblioteca para investigar teniendo el buscador de
internet en la computadora, gran parte de la población mayor de 50 años creció con un entorno completamente distinto y fue adaptándose a los cambios como pudo. Con la
medicina sucedió lo mismo.

Hace algo más de cinco décadas anestesiábamos con éter; la mayoría de las vacunas no existían; la tomografía y la resonancia magnética tampoco (datan de 1970) y los
fármacos que se prescriben para decenas de afecciones físicas y mentales tienen menos de 30 años de vida. El ADN empezó a ser noticia a mediados del siglo pasado y abrió
la posibilidad de estudiar el genoma. La píldora anticonceptiva recién se comercializó a mediados de 1960, y la rehidratación oral, que le salva la vida a millones de personas
cada año, se inventó en 1970…

En ese contexto se encontraba la Obesidad en los 60. En aquel inicio, uno de los pioneros fue el doctor Jorge Braguinsky, a quien quiero dedicar gran parte de este Prólogo.
El resumen más estricto de su trayectoria contaría que fue un referente de primer nivel en obesidad, no sólo en nuestro país sino también en América Latina; reconocido
en todo el mundo por su larga y destacada labor en este campo. También recordaría que, entre muchas otras actividades, dirigió la Carrera de Especialización en Nutrición
con orientación en Obesidad de la Universidad Favaloro y fue Co-Director de la Carrera de Especialistas en Nutrición en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de
Tucumán, sin olvidar sus cargos como Vicepresidente de la International Association for the Study of Obesity (IASO) y como Presidente de la Federación Latinoamericana de
Sociedades de Obesidad (FLASO).

Sin embargo, para mí, Jorge fue mucho más que eso: fue mi amigo, mi colega y mi compañero en el desarrollo de una especialidad que sencillamente no existía como tal
cuando nos recibimos de médicos.
Arrancamos casi al mismo tiempo, él un poco antes que yo. Ambos nos apasionamos por el conocimiento; y con distinta intensidad y en diversos momentos lo volcamos en
lo académico, en la educación y en la comunicación masiva. También compartimos la necesidad de enfrentar la contradicción entre la idea predominante en aquella época,
que consideraba a esta enfermedad como un problema menor y estético, y la seriedad de sus consecuencias físicas.

Por entonces, no había ninguna materia en la Facultad, libros, journals ni congresos científicos que abordaran la especificidad del tema. Jorge venía del campo de la diabetes,
yo del de las adicciones. Leíamos lo atinente a nuestro origen o enfoque, pero seguramente compartimos clásicos de divulgación como Fisiología del gusto (Brillat
Savarin, 1852), Gordos y flacos (Don Gregorio Marañón, 1926) y El libro de los gordos. Causas y cura de la obesidad (Rodolfo Q. Pasqualini, 1958).
La búsqueda de información y especialización nos llevó a participar juntos del Primer Congreso Internacional de Obesidad, que se realizó en Londres en 1974. Todavía
recuerdo que la secretaria a cargo de las inscripciones nos dijo: “No hay cupos para latinoamericanos”. Y nos dejó una enseñanza: en la vida no siempre hay cupos para
los que lo merecen, sino para los que insisten. Por supuesto la enloquecimos hasta conseguir lugar. En aquel Congreso decidimos crear la Sociedad Argentina de Obesidad,
un hito en la materia.
En 1977, escribí “Obesidad”, mi primer libro dedicado a los profesionales de la salud. Allí expuse que la obesidad era una enfermedad crónica comparable a la hipertensión
o a la diabetes, en las que el paciente debe aprender a controlar su afección mediante cambios duraderos en su estilo de vida. También que, al igual que en las adicciones,
no se podía hablar de una “cura” sino que había que apuntar a la recuperación del enfermo. Estas y otras ideas embrionarias se vieron confirmadas, tiempo después, por
los avances en la fisiología de la enfermedad.
Algunos años después, en 1987, Jorge publicó Obesidad: Patogenia, clínica y tratamiento, la obra donde transmitió toda la estructura académica y científica en que había
trabajado durante tantos años y que tanta falta le hacía a la formación profesional.
Los papers, los Congresos, el trabajo con nuestros colegas, las investigaciones y las publicaciones médicas en que participamos fueron dando solidez científica al campo.
En todo ese trayecto coincidimos en que, para pensar seriamente este problema sanitario, otra inversión crucial debía darse en materia de capacitación, entrenamiento. No
se trataba de “inventar la rueda” sino de volcar los avances en la materia y de aprender de las experiencias exitosas adoptando un esquema de cambios graduales, prudentes
pero decisivos y siempre con el compromiso de innovar.
Con el paso del tiempo, la evolución de la obesología fue cambiando la mirada tanto hacia la enfermedad como hacia el paciente. Muy lentamente dejó de ser una cuestión
solitaria de individuos faltos de voluntad para dar paso a la urgencia de un tratamiento interdisciplinario que mancomunara esfuerzos de distintas áreas profesionales para
revertir una tendencia que ya se había convertido en epidemia.
Comenzamos a hablar del incumplimiento terapéutico, un tema que irrita mucho a los profesionales jóvenes pero que tanto Jorge como yo, con tantos años de experiencia,
pudimos manejar de una manera distinta. Encontramos que la adherencia al tratamiento suele ser sobreestimada en la literatura médica, ya que el cumplimiento es más
elevado en los ensayos clínicos que en la vida real, y que la dificultad aumenta cuando el tratamiento incluye cambios permanentes en el estilo de vida del paciente, como
en la obesidad. Después de todo, así como la relación médico–paciente, la adherencia terapéutica se construye partiendo de la base de que lo ideal es enemigo de lo bueno.
Profundizamos acerca de la inercia terapéutica, que es la dificultad que tienen los médicos para cambiar un enfoque una vez que lo han establecido; la educación terapéutica,
enseñanza que permite al paciente aprender los recursos para controlar su enfermedad; y las distintas formas de atención centrada en el paciente; todos tópicos
que compartimos a pesar de nuestras distintas bases teóricas porque entendimos que, además de capacitar al profesional, había que enseñarle a “empoderar” al paciente; y
eso significa delegarle el poder, salirse del uniforme y enfrentar el desafío de ejercer la negociación y la flexibilidad sin perder el rumbo terapéutico.
Algo que también nos acercó fue la lucha contra los pastilleros, la charlatanería y las dietas mágicas. Nos involucramos activamente en la tarea de advertir sobre los riesgos
de la pseudo-medicina y sus soluciones rápidas, novedosas o definitivas que sólo llevan a una pérdida de tiempo, esperanzas y dinero.
Cuando le preguntaban a Jorge por qué la obesidad era un campo fértil para los pseudo-tratamientos, respondía que parte de esa responsabilidad está en la esencia
misma de la enfermedad y en la juventud de su especialización. Él sostenía que “en obesidad el tratamiento es generalmente infructuoso en el mediano plazo. Entonces se
busca una solución mágica. ¿Por qué es infructuoso en la obesidad más que en diabetes, hipertensión o colesterol? Porque ahí las medicaciones son muy buenas. En obesidad no
sucede eso. Es más compleja. Parece más trivial. Pero el problema es complejo. En obesidad entra en juego toda la complejidad de lo humano y de su historia”.
Esta es sólo una muestra de la gran paradoja de la medicina actual: a pesar de que nunca antes se tuvo la posibilidad de disponer de tanta información sobre prevención y
tratamiento de las enfermedades, ni se contó con tantas herramientas de diagnóstico y alternativas terapéuticas tan eficaces, las afecciones prevenibles siguen siendo la mayor
causa de muerte en el mundo.
Por eso, como médicos especialistas en obesidad, aprendimos que en lugar de juzgar a un paciente por cuán bien sigue nuestras instrucciones debemos juzgarnos a nosotros
mismos por cuán bien los ayudamos a automanejar su enfermedad y por qué tipo de formación tenemos para enfrentarnos a esta afección tan compleja.
Después de todo, las idas y vueltas en el tratamiento son parte de la esencia misma de la obesidad y los pacientes de una enfermedad crónica son capitanes de sus propios
equipos de autocuidado. Pero un capitán es solo tan bueno como su equipo. Y cada profesional es, sin dudas, uno de los miembros más importantes en el proceso hacia
la recuperación.

Jorge tenía un gran sentido del humor. La pasábamos muy bien en los Congresos que compartimos. Tuvimos una relación de más de 40 años. Aunque durante algún tiempo
no supimos limar pequeñas diferencias, afortunadamente pudimos hacerlo en los últimos años y volvimos a estar juntos: yo bailé en su último cumpleaños… él estuvo
presente en un Seminario para profesionales que yo había organizado en la Sociedad de Estudios Transdisciplinarios de la Obesidad y dio lo que creo que fue su última clase
magistral a pesar de que ya estaba mal de salud.
Decía al comienzo que pasaron cincuenta años… Otro de los avances en materia de obesidad fue la cirugía bariátrica, con opciones terapéuticas que se han ido perfeccionando
y representan en la actualidad una herramienta exitosa tanto para la obesidad mórbida como para la diabetes y otras complicaciones asociadas al exceso de peso.
La capacitación de los profesionales de la salud también se engrandeció. El posgrado de especialización en obesidad de la Fundación Favaloro que Jorge creó es uno de los
más reconocidos en el mundo académico. En lo social, la implementación de la Ley de Obesidad en la que trabajamos con Jorge, la doctora Mónica Katz –importante referente
en el campo de la obesidad y una de las autoras de este Manual– y otros colegas consiguió incluir en la agenda pública y sanitaria la importancia de la prevención y el
tratamiento de este enfermedad crónica.
El camino está iniciado. Y aunque todavía queda mucho por hacer, sé que estos cambios fueron parte un gran deseo profesional compartido.
“El médico que no educa es un médico a medias”, sostenía un maestro de la medicina a quien admiro, el doctor Escardó. Jorge era un educador. Era un profesional que tenía
pasión por educar. Muy querido y respetado tanto por sus alumnos como por sus pacientes.
Sin dudas parte de su legado está en estas páginas: la pasión y el compromiso con que los distintos autores plasman los más recientes hallazgos o conclusiones de
estudios es la muestra.
La doctora Mónica Katz inicia con el Dr. Braguinsky la formación en Obesidad en la Universidad Favaloro. Junto a ellos, la Dra. Ana María Cappelletti. Ambas retoman este
desafío junto a un sólido grupo de profesionales multidisciplinarios para dar como resultado un libro vivo, donde aparecen capítulos de reveladora importancia, temas
de indiscutible actualidad y el debate de una especialidad que seguirá creciendo de la mano de nuevos descubrimientos y aportes.
Se plasman con singular profundidad desde su origen molecular hasta su aspecto social, la estructura neurobiológica y las citoquinas, la epigenética de la obesidad, el sistema
homeostático energético y el impacto que la enfermedad tiene sobre cada etapa biológica. El rol de la falta de sueño, los disruptores endócrinos… en fin, estos y otros
temas están desarrollados en este volumen que reúne los más recientes conocimientos.
En materia de medicina, y más específicamente de obesidad, no puede haber una última palabra. Sin embargo, este Manual es un eslabón indispensable en el proceso y
adquiere enorme relevancia como instrumento tanto en el marco de la enseñanza de la obesidad en tanto disciplina como en la información indispensable para la prevención,
el tratamiento y la comprensión de la enfermedad.


Por todo lo anterior ha representado un honor para mí prologar esta obra. Seguir sumando respuestas permitirá ampliar todavía más los horizontes del estudio en curso;
cuestionando con curiosidad, aportando solidez científica y pasión, como tan bien lo han hecho todos los autores que se reúnen en estas páginas.
Éxitos,
Prof. Dr. Alberto Cormillot

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